La abuela Pandora y su nietita Pandy vivían en una antigua casona con dos fieles mascotas: Una mimosa gatita y un perro lanudo y guardián. Como la abuelita deseaba que todo se viera impecable, Pandy colaboraba en todos los quehaceres con mucho gusto, en especial cuando había que ventilar y quitar el polvo de la habitación de la planta alta. Entonces, con plumero y cubeta con agua en mano-junto con su abuela y sus mascotas- subía las escaleras, presa de gran emoción y fascinación.
Allí la abuela pandora conservaba innumerables objetos, que guardaban pedacitos de la historia de sus antepasados. No por nada lo llamaba “El desván de los recuerdos”. Para Pandy, en cambio era “El cuarto de las sorpresas”, porque presentía que allí había duendes que la espiaban secretamente; y también porque nunca terminaba de conocer todo lo que había, ¡Como en una caja de sorpresas!
Cierto día, en ese cuarto, descubrió un cofre muy antiguo, que nunca antes había visto, y le preguntó a su abuela qué había adentro:
-No sé que contiene ese cofre, Pandy. Nunca lo he abierto, y te ruego que tú tampoco lo hagas. Lo recibí de mi Madre, quien siempre me insistió que jamás lo fuese a abrir, y le di mi palabra. Por eso, a pesar de mi curiosidad, nunca lo abrí ni lo abriré. Respondió la anciana, algo perturbada.
Dejaron el cofre en su sitio, terminaron la limpieza y bajaron sin decir palabra, ensimismadas en sus pensamientos.
En seguida pareció que todo volvía a la normalidad. Al menos así lo creyó la abuela; sin embargo, Pandy no podía dejar de pensar en el misterioso cofre y en lo que podría haber adentro. Por las noches, ese pensamiento le quitaba el sueño: Daba vueltas y vueltas sin conseguir dormir, mientras su fiel compañero hacía guardia a los pies de la cama, con un ojo abierto y el otro cerrado.
Una noche, la curiosidad de la chiquilla pudo más que el deseo de obedecer a su abuelita, tal como siempre lo hacía. Sigilosamente saltó de la cama, encendió un candil y, en puntillas trepó los peldaños uno a uno, tratando de no hacer el menor ruido. Se sentía muy nerviosa. Sabía que no estaba bien lo que iba a hacer. Pero, le parecía que una fuerza poderosísima la empujaba hacia arriba.
Finamente, llegó frente a la puerta, presionó el picaporte, lo empujó con decisión y firmeza, y muy conmovida ingresó al cuarto de las sorpresas… Se dirigió directamente al rincón donde se hallaba el misterioso cofre, y con sumo cuidado y delicadeza lo abrió. Entonces, un gran resplandor de muchísimas luces encandelilló sus ojos. De repente, varios angelitos la rodearon. Pandy muy asustada trató de gritar pero su lengua no le respondió, uno de los angelitos le pidió que por favor no tuviera miedo pues sus intenciones no eran lastimarla sino concederle un deseo por haberlos liberado del cofre.
Pandy pudo calmarse, y después de pensarlo mucho tiempo pidió un deseo muy inteligente: “ayudar a todos aquellos niños que no tienen un techo ni nada para comer”. Los angelitos muy sorprendidos por el corazón de Pandy, concedieron su deseo y en esa misma noche el milagro ocurrió. Sin embargo, los ángeles tomaron una decisión, asegurarle a Pandy el mejor futuro, un príncipe azul, una hermosa familia, mucha paz y felicidad.
Los años pasaron, y la promesa que los angelitos habían hecho a Pandy se hizo una realidad, se casó con un príncipe azul, tuvo 3 hermosos hijos y vivieron felices para siempre.
Fuente: Libro Cofrecitos